lunes, 6 de mayo de 2013

Para dar y tomar



Una bebida de niños... ¿se sube a la cabeza?


Mirindas asesinas es el primer cortometraje que rodó Alex de la Iglesia en 1991, un breve thriller de terror en el cual hay tiros para dar y tomar, es decir, en abundancia. Pero... ¿la "Mirinda" no era un refresco para niños?, ¿como puede ser que una bebida tan dulzona, con sabor a mandarina, resulte la bebida favorita de un asesino en serie? En este corto todo está al revés porque, encima, este serial killer tiene cara de buena persona, casi parece un monaguillo, con sus grandes gafas de concha y su gran calva. Las claves para comprender lo risible en este film están claras, aunque todas las imágenes del cortometraje estén en penumbra y fuertes claroscuros.


Zanjar la discusión

En Mirindas asesinas un cliente entra en un bar y pide al camarero que le "de" una Mirinda; el camarero se la "da" y el cliente se la "toma" pero, cuando se dispone a irse sin pagar, el camarero le detiene y le reclama el pago de la consumición. Ante esta reclamación, el cliente le responde asombrado que él le ha dicho "que le de" una Mirinda y que el camarero "se la ha dado", por eso no le puede cobrar, ya que "lo que se da, pues se da y ya está". Y, como esta discusión lingüística sobre los significados y la pragmática del verbo "dar" en español va subiendo de tono, el cliente saca un arma y zanja la conversación a tiros. La verdad es que no se puede decir que este sea un motivo para matar a la gente, y menos para ahogar las penas en refrescos (bueno, sí, en español lo que decimos es que las penas se ahogan en alcohol).

Te la juegas por ver la corrida, 
a la hora y el lugar menos adecuados
En este cortometraje nos resulta cómica la contradicción entre la pequeña complexión del cliente (flaco y bajito), y su afición a una bebida infantil, con la enorme violencia de su respuesta ante una lógica demanda por parte del barman -que pague su consumición-. El arma que saca de debajo de su chaqueta nos sorprende y al tiempo nos hace sonreir, ante el disparate de la situación. El sarcasmo va in crescendo, ya que otros clientes del bar correrán la misma suerte que el camarero, y también sin motivo, gratuitamente. El absurdo, la falta de lógica y el sinsentido se apoderan de la escena (un cliente muere por pedir línea para hablar por teléfono, otro por ver una corrida de toros en la televisión... pero, ¿estos son motivos para matar a la gente?). Sólo hay una explicación, y es que las Mirindas son las causantes de todo este drama, ya que se le han subido a Alex Angulo a la cabeza. Al final solo queda la risa caústica y nerviosa de Saturnino González, el dueño del pub, y esta tétrica imagen es el colofón de una extraña comedia.

No parecías ese tipo de persona

EN CLASE DE ESPAÑOL
En nuestro idioma tenemos expresiones como "las apariencias engañan" para referirnos a las paradojas entre la imagen que nos da una persona y su verdadera naturaleza, su auténtico "yo". Podemos proponer una reflexión sobre la importancia de juzgar a una persona a primera vista. Este tipo de primeras impresiones son las que cuentan, por ejemplo, en la entrada a los establecimientos publicos (desde clubes a administraciones o incluso museos) en la cual un vigilante deja o no deja entrar a una persona según su aspecto. En Mirindas asesinas está claro que este cliente no parecía sospechoso, ya que "tenía buena pinta", "tenía cara de buena gente". Hay muchas expresiones como estas en español, por ello es una buena idea dedicar una sesión de clase a realizar una lista de locuciones sobre el aspecto en nuestro idioma.